jueves, 4 de diciembre de 2014

Cuentos en español










EL VIGÍA

 

 

El faro del vigía se alzaba en la cima de una montaña. La montaña estaba situada en los confines del mundo. Se decía que el vigía era tan viejo como la misma memoria, otros afirmaban en cambio que no era un ser de este mundo, si bien nadie había tenido el coraje de mirarlo jamás cara a cara.

El vigía tenía el encargo de mantener el faro encendido, para que los viajeros supieran que habían llegado hasta los confines del mundo, y que más allá solo había un valle del que nadie podía regresar.

Después de un largo camino, el jinete llegó por fin al confín de la tierra, pero al alzar la vista hacia el faro solo vio las negras rocas de sus formidables cimientos, ya que una espesa neblina impedía ver su cúspide.

El jinete preguntó a voz en grito:

—¡Vigía! ¿Aún sigues allí?

         Una voz respondió desde lo alto: 

—¡Aquí sigo y aquí seguiré hasta el fin de los tiempos! 

—¿No te han dicho que el mundo ha acabado?

—El mundo aún no termina. Si el mundo se hubiese acabado, yo habría sido el primero en saberlo.

—¡El mundo ya ha terminado! ¡A lo mejor la neblina te impidió ver su final! ¡Soy el único que logró escapar de la terrible hecatombe!

—¿Estás seguro? —preguntó el vigía con voz cavernosa.

—¡Tu misión ha terminado por fin; no queda nadie en el mundo!

—Mi misión aún no termina —respondió el vigía por detrás del jinete.

El jinete regresó a mirar con espanto.

—¡Solo estaba esperando por ti! ―dijo el vigía.

Entonces pudo ver el jinete la faz sin piel del vigía y sus largos brazos sin carnes. Tras la neblina brilló el resplandor de una filosa guadaña, y el jinete cayó sin vida, junto con la bestia en que cabalgaba.

—Mi misión ha terminado por fin —dijo el vigía—; no queda nadie en el mundo —y dicho esto se esfumó entre la niebla.

Poco a poco, en el horizonte, fueron desvaneciéndose el cielo y la tierra.


LA SEÑORA ROSAS

 

 

Cuando la señora Rosas dijo que, por la forma en que habían sido asesinados los inquilinos anteriores, de nada serviría cerrar nuestros apartamentos con doble llave, nos convencimos de que la pobre señora Rosas no andaba bien de la cabeza, como ya lo habíamos sospechado desde el inicio. Más aún cuando la señora Rosas afirmó haber visto, la misma noche en que asesinaron al primero, una silueta que lo seguía como una sombra, y que entró en el apartamento, detrás de él, y que lo estranguló de la misma forma en que lo haría con los siguientes inquilinos. Desde entonces dejamos de invitar a la señora Rosas a las reuniones periódicas de nuestro edificio. Hasta que llegó la noche en que yo mismo, estando a puertas cerradas, comprendí demasiado tarde que la señora Rosas siempre tuvo razón. Ahora vago como una alma en pena , y supongo que continuaré haciéndolo hasta que la Policía detenga por fin a la "pobre" señora Rosas. 






 

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